Juan Marín Lozano
Juan Marín Lozano
Publica: Asociación Española de Fundaciones
Fecha: 28 de enero de 2026
Estudio que analiza por primera vez de forma integral la repercusión social, económica y territorial de las fundaciones que trabajan en el ámbito de la cultura en España, y que las posiciona como un actor relevante en la democratización del acceso cultural, la conservación y difusión del patrimonio, así como en el impulso de la creación artística y en la dinamización de las economías locales, especialmente en municipios rurales o con menor oferta cultural.
Este estudio contempla la cultura en su doble naturaleza. Por un lado, como bien social que genera pensamiento crítico, creatividad y bienestar social e individual; por otro, como sector económico con una cadena de valor compleja que comienza con los creadores y los artistas, y continúa con los productores, los distribuidores, los exhibidores, y en la que también participan las fundaciones apoyando la creación, concediendo becas y fomentando el dinamismo de cada uno de esos eslabones para favorecer que la cultura se encuentre con el público.
La cultura, bien cuidada, constituye una ventaja competitiva de país, además de una industria generadora de empleo y riqueza como demuestran los cinco impactos recogidos en este informe.
Primero, su impacto económico. El análisis, basado en datos contables de más de 500 fundaciones activas, demuestra que el conjunto del sector cultural fundacional genera cerca de 10.340 millones de euros de valor añadido bruto (VAB), equivalente al 0,7% del PIB español, y sostiene aproximadamente 170.000 empleos, el 0,9% del total nacional.
Segundo, su impacto territorial. Más de 3.500 fundaciones están presentes en 951 municipios, y el 40% de ellos son rurales. Las fundaciones del ámbito cultural son, en muchos casos, el dinamizador de la revitalización local y turística de un territorio.
Tercero, su impacto social. Más allá de los números, las fundaciones del ámbito cultural democratizan el acceso a la cultura. Su acción voluntaria y su compromiso filantrópico transforman la cultura en una herramienta de inclusión y desarrollo humano.
Cuarto, su impacto en la consolidación de un tejido cultural formado por miles de profesionales, creadores, artistas, técnicos, emprendedores y voluntarios que constituyen el núcleo esencial que articula la actividad cultural.
Quinto, su impacto internacional. Su tracción sobre el turismo y los servicios asociados (hoteles, restaurantes, transporte, comercio) refuerza, además, la proyección internacional de nuestra cultura y potencia un activo diferencial de nuestro país: el turismo cultural.