DECLARACIÓN INSTITUCIONAL CON MOTIVO DEL XXVI ANIVERSARIO DEL PACTO DE ANTEQUERA
El 4 de diciembre de 1978, los grupos políticos andaluces suscribieron el Pacto Autonómico Andaluz, el conocido Pacto de Antequera. Lo hicieron en un momento difícil desde el punto de vista social, político y económico pero no por ello menos ilusionante: justo un año después de las masivas movilizaciones ciudadanas en pro de la autonomía de Andalucía y prácticamente en las vísperas del referéndum mediante el que una abrumadora mayoría de españoles respaldaron la Constitución de la democracia.
Veintiséis años después de aquel acuerdo, los andaluces debemos buscar un nuevo y amplio pacto para acometer la Reforma del Estatuto de Autonomía de Andalucía. La Junta de Andalucía, expresión institucional del derecho al autogobierno de los andaluces, ha querido conmemorar este nuevo aniversario con una sesión extraordinaria del Consejo de Gobierno en la ciudad de Antequera para reivindicar aquel Pacto y ponerlo en relación con el nuevo consenso que los andaluces debemos alcanzar en torno a la reforma estatutaria.
En primer lugar, el Gobierno de Andalucía desea expresar sincero y merecido tributo a los hombres y mujeres que suscribieron aquel acuerdo. Todos, desde distintas posiciones políticas, supieron orillar las discrepancias para contribuir a lo esencial: el supremo interés de Andalucía para acceder a la autonomía plena en régimen de igualdad con el resto de territorios de España. En justo reconocimiento a todos ellos, deseamos destacar la figura del principal impulsor del Pacto y primer Presidente de la Junta de Andalucía, Plácido Fernández Viagas, quien aportó la mayor determinación, esfuerzo y generosidad para alcanzar el Pacto de Antequera, antecedente político directo del referéndum del 28 de Febrero de 1980, que permitió a Andalucía acceder a la autonomía plena.
Aquella apuesta supo vencer las incomprensiones y los recelos de quienes no creían en la autonomía plena para Andalucía o de quienes simplemente no la querían para una Comunidad durante mucho tiempo condenada al ostracismo, la marginación y el olvido. El Pacto de Antequera selló la voluntad de los andaluces por ocupar un lugar ambicioso y relevante en España, Europa y el mundo.
Fue una apuesta clarividente, que dejó una impronta sin la cual no se entendería el modelo avanzado y equilibrado del Estado de las autonomías que hoy conocemos en España. Aquel acuerdo fue una apuesta, en fin, unitaria pero al mismo tiempo ambiciosa y valiente. La Andalucía que hoy conocemos, el decoro de sus instituciones de autogobierno y los innegables avances experimentados por la sociedad andaluza en estos años hunde sus raíces en aquella firmeza y aquella determinación por avanzar hacia la autonomía plena. Y nos da idea, igualmente, de la enorme fuerza de Andalucía cuando se plantea, desde la unidad y el acuerdo entre todos, los retos de los nuevos tiempos.
El reconocimiento de aquel esfuerzo y de sus resultados posteriores no puede, en modo alguno, travestirse de autocomplacencia. Antes al contrario, si el esfuerzo de todos los andaluces y todas las instituciones en el camino de la autonomía se ha saldado con un éxito notable, ello debe significar un estímulo para perfilar un nuevo y más ambicioso horizonte de bienestar, progreso y autogobierno para Andalucía.
Este largo cuarto de siglo hemos avanzado en todos los órdenes y son perceptibles las muestras de crecimiento económico sostenido; de maduración social; de consolidación cultural, educativa y de creciente proyección política y económica hacia el exterior. Pero es necesario redoblar los esfuerzos y nunca perder la perspectiva: la vida aún se hace muy difícil para muchas familias andaluzas y la autonomía tiene que continuar sirviendo para profundizar en las soluciones.
Es necesario un esfuerzo especial para solucionar los problemas de los muchos jóvenes que hallan grandes dificultades para acceder a una vivienda o a un empleo de calidad que les permita encauzar su proyecto vital. También para aquellas personas a las que resulta tremendamente complejo conciliar la vida laboral con la familiar y para todas aquellas que sufren alguna suerte de exclusión social por razones económicas o de cualquier otra índole. En este sentido, toda sociedad avanzada debe declararse radicalmente incompatible con la persistencia de fenómenos tan degradantes e inhumanos como la llamada violencia de género, producto execrable de la cultura de la desigualdad que debemos desterrar de nuestras conciencias y de los usos sociales.
El proceso ya en marcha de la Segunda Modernización de Andalucía responde, precisamente, a la convicción de que Andalucía se adelante al futuro para que sea realmente nuestro y para que sea mejor. Andalucía tiene que multiplicar sin desmayo los rasgos de modernidad que ya son perceptibles en nuestra sociedad porque a su vez este esfuerzo estimulará otros. Y resulta especialmente importante sostener el impulso a los sectores industriales y de investigación más avanzados, como el de la aeronáutica o el agroalimentario; el de la vanguardia en las investigaciones básicas como las líneas celulares; en los modernos sistemas de financiación de iniciativas empresariales como el capital riesgo o el capital semilla; en la introducción y aplicación masiva de tecnologías de la información y la comunicación en sistema educativo, la sanidad, los servicios sociales o la propia Administración de la Junta de Andalucía; en el tendido y potenciación de redes de transporte avanzado con altas prestaciones y gran capacidad.
Entre esos rasgos de modernidad perceptibles en la sociedad andaluza también se inserta tanto la modernización y mejora de nuestra principal herramienta de autogobierno, actualmente en fase de discusión social y en sede parlamentaria, como los inminentes acuerdos entre todos los grupos para otorgar un impulso democrático a nuestro sistema político, fortaleciendo la transparencia y la calidad del mismo.
La capacidad para crear espacios de entendimiento es un síntoma de normalidad y madurez democráticas. Estos acuerdos, en consecuencia, deben constituir un acicate para ensanchar el diálogo y lograr que fructifique en un amplio consenso sobre el papel que Andalucía debe jugar en el actual proceso de modernización y profundización del Estado de las autonomías, así como la reforma del Estatuto andaluz.
Si con el Pacto de Antequera y el referéndum del 28 de febrero de 1980 Andalucía logró encauzar el proceso autonómico hacia el equilibrio y la igualdad básica de todos los ciudadanos, ahora contamos con una nueva oportunidad para que Andalucía deje su huella, y lo haga para bien, en la mejora del Estado de las Autonomías.
Andalucía fue pionera en plantearse la reforma del Estatuto de Autonomía, hace ya más de tres años. La oportunidad y conveniencia de aquella iniciativa, que entonces también fue recibida con recelos e incomprensión por parte de algunos, ya no es puesta en discusión por nadie y todos los grupos políticos y agentes sociales se sienten llamados al debate, que la Junta de Andalucía inauguró con la remisión al Parlamento de las Bases para la Reforma del Estatuto de Autonomía, en las que se apunta la elaboración de una Carta de Derechos de los Andaluces, en el sentido más amplio e incluyendo, pues, los llamados derechos de nueva generación, en el ámbito del consumo; la comunicación social; las nuevas tecnologías; las Administraciones públicas; nuevos derechos políticos y todos aquellos que tienden a proteger a la juventud y a la infancia.
Una reforma que debe contar con al menos el mismo respaldo que logró concitar el actual texto estatutario y cuyo punto de referencia esencial debe ser Andalucía y los andaluces, en el marco de una España plural y cohesionada, que garantice el equilibrio y la igualdad de los ciudadanos. Andalucía no puede ni debe afrontar con complejos este proceso de reforma y debemos señalar, con rotundidad, que todas las comunidades autónomas tienen el mismo derecho a ejercer las mismas competencias, y ninguna puede aspirar para sí lo que le niega a las demás. En ningún caso, este proceso puede desembocar en una competición entre CC.AA. que termine por desvirtuar a la Constitución Española y su objetivo de garantizar la unidad política de España y la solidaridad entre todos los territorios y ciudadanos.
Finalmente, Andalucía celebra este XXVI aniversario del Pacto de Antequera a las puertas de un importante referéndum para ratificar el Tratado constitutivo de la Unión Europea. No es necesario resaltar la trascendencia que la incorporación a Europa ha tenido para Andalucía en los últimos 20 años porque sencillamente la Andalucía que hoy vivimos resultaría irreconocible sin la aportación de Europa a nuestro proyecto como comunidad. Y paralelamente, Andalucía también ha sido capaz de realizar una aportación significativa a la Unión, abriendo nuestros mercados, aprovechando el importante caudal de ayudas recibido y participando activamente en el proceso de construcción de la Unión. El referéndum que tendrá lugar el 20 de febrero es el momento idóneo para fortalecer nuestro compromiso y nuestra vocación europea, el momento adecuado para redoblar la apuesta que Europa ha hecho todos estos años por Andalucía.
Un balance, siquiera somero, de lo que Europa ha significado para Andalucía desde el ingreso de España en la Comunidad, nos demuestra que, pese a las dificultades inherentes a todo proyecto de esta envergadura, más Europa puede y debe significar más progreso y también más y mejor Andalucía. La construcción del gran proyecto europeo pasa ahora por la ratificación de la Constitución de la UE y sería bueno para Andalucía que los andaluces nos volcáramos en las urnas cuando seamos llamados a votar dentro de algunas semanas.
La Junta