La sobrecarga de trabajo es el principal factor de estrés en España, según la Agencia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo (EU-OSHA4) [LARPSICO]

La Encuesta OSH Pulse 2025, de la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo (EU-OSHA, por sus siglas en inglés) concluye que España es un país de alta prevalencia del estrés laboral (40% -en el año 222 era el 26%- frente al 29% de media europea)
Andalucía, 10/10/2025

Cada vez está más “normalizado” en todo el mundo, desde luego en Europa, ir a trabajar (y volver de la prestación de servicios a casa -o en vacaciones, pues solo un 25% de las personas trabajadoras en España estimarían que vuelven descansados de las vacaciones, la mayoría no lo entiende así, a causa de la ansiedad laboral y la incapacidad para desconectar) con la convicción de que se va a desarrollar en escenarios con altos niveles de estrés crónico. Sobre ello hay evidencia desde hace largo tiempo (ej. estudio internacional de salud y Bienestar Mental 2023, hecho por la Fundación AXA en 16 países -España, Italia, Francia, Reino Unido, Irlanda, Suiza, Bélgica, Turquía, Alemania, EEUU, México, Japón, China, Hong Kong, Filipinas y Tailandia-). Pero ahora lo acaba de reafirmar la última encuesta OSH Pulse 2025 (Occupational safety and health in the era of climate and digital change -la seguridad y la salud ocupacional en la era del cambio climático y digital-), elaborada por la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA).

Más aún. El problema de salud mental laboral lejos de ir a menos conforme va en aumento el interés mediático y social para ponerle coto con medidas preventivas, va a más, sobre todo en España. Si el referido estudio internacional de AXA, para 2023, situaba el porcentaje de las personas trabajadoras que estimaban padecer significativos niveles de estrés ocupacional o laboral en el 34% (superior al 26% de Suiza o Francia, aunque menor que el 40% de EEUU o 37% del Reino Unido), 6 puntos superior al que se estimaba 3 años antes (2021), hoy se situaría nada menos que en el entorno del 40%.

Naturalmente, a más estrés, mayor número de bajas y más prolongadas (Estudio Salud Mental AXA 2025), hasta ser ya la segunda causa (prácticamente se han doblado desde 2018), con alta prevalencia en jóvenes. Por lo tanto, la evidencia científica nos sitúa entre los países con peores indicadores en lo que hace al indicador de bienestar psicosocial relacionado con el trabajo, concretamente el 5ª peor, solo por debajo de: Grecia (49% -prácticamente 1 de cada 2, tras la dura crisis y más angustiosos ajustes), Finlandia (45%), Chipre y Polonia (41%).

Junto a esta estimación de las magnitudes del problema, destaca mucho en este estudio el análisis de causas, sobre todo la prevalencia de los factores de riesgo psíquico asociado al trabajo, según su intensidad. Así, el informe señala:

  • La ausencia de las debidas medidas de prevención de este tipo de factores y riesgos laborales, incluida la baja consulta a las plantillas (solo 1 de cada 3 personas dicen ser consciente de que la empresa toma en cuenta la posición sindical en materia, frente al 45% de la media europea, y muy lejos de Alemania, donde el 65% de los encuestados afirma que en sus empresas sí se les ha consultado)
  • Casi el 50% de las personas trabajadoras en España (49%) reconocen estar habitualmente expuestas a sobrecargas (físicas y mentales) de trabajo. En cambio, baja 5 puntos como promedio europeo (44%).

La intensidad de trabajo (volumen de demanda y ritmo exigido), pues, se añadiría a la prolongación de las jornadas de trabajo, incluso se impone a ellas, de modo que no son escasas las situaciones en que la reducción de la jornada de trabajo no reduce la carga, al revés, la amplia. A ello contribuyen los sistemas digitales de medición de las cargas (mínimas, no máximas) de trabajo. El problema de la sobrecarga de trabajo no se produce, pues, solo en los trabajos manuales, sino que el desarrollo digital, la evolución tecnológica promueve modelos de organización del trabajo. La gestión con los sistemas algorítmicos y la I.A. tiende a incrementar el trabajo y su velocidad, prolongando en ocasiones las jornadas, pero incluso cuando las reduce compensa esta mejora con la intensificación del trabajo.

Muy interesante en este estudio es la confirmación de la escasa cultura empresarial y laboral de contar con servicios de apoyo psicosociales adecuados. Conocido es que en España al estrés tiende a “compensarse” o abordarse con una “mala medicados” (el 27% toma habitualmente ansiolíticos, somníferos o antidepresivos, un 16% los consume, al menos, una vez a la semana, con una diferencia de género notable). La encuesta europea confirma la debilidad del sistema de asistencia (pública y empresarial) para la salud mental. Un indicador cuantitativo sería que el asesoramiento psicológico en el entorno de trabajo solo alcanzaría al 28% de las personas encuestadas (los que aseguran contar con este recurso en su empresa), frente al 40% de media en la UE.

Este déficit cultural tiene importantes consecuencias, como contribuir a:

  • enquistar el impacto de los problemas de salud mental en las plantillas ('Directrices de la OMS sobre salud mental en el trabajo', OMS 2022)
  • y fomentar su invisibilidad, incluso una “cierta ley del silencio” (la media europea de personas trabajadoras que temen comunicar un problema de salud mental en su empresa por el miedo a represalias es del 48%, para España se eleva 6, puntos, hasta el 54%, más a más jóvenes son y más precariedad sufren).

El estudio contiene otras informaciones muy interesantes, que iremos analizando para España en próximas informaciones. Entendemos que las dadas son suficientemente relevantes para confirmar la necesidad de un giro importante en las políticas preventivas de riesgos psicosociales y promoción de la salud mental en los entornos de trabajo, dando consistencia normativa, política, institucional y financiera a la creciente atención social que esta cuestión concita, con razón, pero con excesivo lento caminar. En suma, no podemos (o no deberíamos) seguir “normalizando” unos modelos de trabajo basados en la productividad psicosocialmente tóxica, tanto por razones de bienestar personal como de productividad sostenible (en otro caso, seguirán creciendo las bajas, se multiplicarán los accidentes de trabajo, seguiremos con baja productividad comparada, etc.).

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