La persona coordinadora de intimidad en el futuro Estatuto de Artistas: ¿avance frente al riesgo de violencia sexual en audiovisuales? [LARPSICO]

Andalucía, 25/11/2025

El Derecho del Trabajo español pretende incorporar de forma obligatoria la figura de la “persona coordinadora de intimidad escénica”, esto es, en rodajes que incorporen -lo que es cada vez más habitual- escenas íntimas de carácter sexual. Así se anunció al presentar el estado de situación del Estatuto del Artista. En cierto modo, esta figura se integraría en el objetivo más amplio de revalorización de la industria cultural, también en este plano de respeto a los derechos fundamentales y al bienestar psicosocial de las personas profesionales de los sectores de las artes escénicas y audiovisuales.

Este Estatuto del Artista (previsto en la Disposición Adicional Quinta del Real Decreto-Ley 5/2022, que ha pasado ya el trámite de consulta pública y está en fase de Anteproyecto), impulsado por el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Trabajo (dado que se reformará el RD 1425/85), forma parte de un proceso anterior y más amplio de reformas legales e inversiones que potencien la cadena de valor de la industria cultural en general, y audiovisual en particular, por su gran dimensión económica, no solo social.

En la justificación institucional se dice que:

“Durante muchos años, las actrices han tenido que grabar escenas sexuales sin que nadie garantizara su consentimiento y a veces en condiciones muy inadecuadas en rodajes con presión, y ahora por fin llega esta figura”.

Sin duda, los datos estadísticos del sector así lo avalan, más allá del célebre movimiento Me Too. Su aplicación supondrá la necesidad de que haya una persona especializada presente durante la preparación y grabación de cualquier escena íntima, debiendo la empresa contratante informar adecuadamente sobre esta figura y sus procedimientos desde la firma del contrato. Esta garantía no dependerá, pues, de la voluntad del equipo ni del presupuesto de la producción, sino que será un requisito legal. Todas las productoras de cine y televisión han de incorporar la figura de coordinador o coordinadora de intimidad en los rodajes de escenas sexuales. Por lo que un instrumento antes voluntario, previsto en guías, pautas orientativas y recomendaciones, ahora muta en requisito legal.

Ya en 2014, la Guía de bases prácticas para escenas íntimas de Canadá incluyó la figura de coordinadora de intimidad. Asimismo, en plataformas de streaming como HBO se estaría utilizando desde 2018. En España se dice que se aplicó en 2021 para la serie Now and Then de Apple TV. El director Daniel Sánchez Arévalo también usó esta figura para su serie de Netflix Las de la última fila (2022). De este modo, la práctica, de forma muy desigual, ya ha conocido una figura que busca garantizar la comodidad y bienestar de las personas que deben hacer estas escenas, reconociéndose a menudo que suelen generar tensión y algo de ansiedad. Por lo que la figura de una persona profesional que les dé tranquilidad y seguridad puede ser muy útil.

La persona profesional para la coordinación (a veces se habla, con exceso, de dirección) de las escenas de intimidad tendrá como tarea la planificación, supervisión y garantía de que estas escenas se desarrollen en las debidas condiciones de respeto profesional y personal, consentimiento informado y seguridad. Por tanto, de un lado, esta figura trata de garantizar el derecho al consentimiento informado de todo acto sexual, incluso el simulado o artístico, conforme a la “ley del solo sí es sí” (LO 10/2022, de 6 de septiembre). De otro, constituye una medida de garantía y promoción del debido cuidado psicofísico y emocional de las personas dedicadas profesionalmente a este trabajo, de actrices y actores, pero sobre todo de las primeras, porque han sido las que más han sufrido los excesos. De ahí que se trate, más que de una figura técnica —seguramente poco necesaria de respetarse las reglas de profesionalidad de esta actividad—, de una medida organizativa para garantizar de modo efectivo, dado el riesgo de que aquella regla profesional elemental no se respete, el derecho a un entorno de trabajo escénico y audiovisual libre de toda violencia sexual, con el consiguiente avance de este derecho de protección eficaz de la salud emocional, también de la libertad sexual, en el conjunto de la industria de la producción cultural.

En suma, es también un modo de visibilizar un problema silenciado largo tiempo y de ponerle coto adecuado. Aunque la figura está teniendo una acogida muy dispar en el sector del cine, como precisa el Observatorio Vasco sobre Acoso y Discriminación:

“La implantación obligatoria de la coordinación de intimidad no solo refuerza los mecanismos de prevención del acoso sexual y de la violencia por razón de sexo, sino que impulsa una cultura profesional basada en la ética, la responsabilidad y el consentimiento expreso”.

Así sea. Veremos cuándo sea una realidad normativa.

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