Emergente riesgo psicosocial en la rama de adicciones: ¿la ludopatía bursátil, un problema no solo de salud pública? [LARPSICO]

Andalucía, 23/12/2025

El verano pasado, la Junta de Andalucía sometió a información pública el que será un nuevo Plan Estratégico de Salud Mental y Adicciones (PESMAA). En el plano estatal están en vigor la Estrategia de Salud Mental 2022-2026 y su Plan de acción de salud mental 2025-2027. Como toda estrategia y planes que se precien, en estos instrumentos tienen una especial presencia, con vocación preventiva, no solo asistencial y de reinserción, incluida la sociolaboral, la atención preventiva de las adicciones. Pero no solo las adicciones típicas y de mayor impacto, las que se producen con consumos de sustancias (tabaco, alcohol y otras drogas, ilegales e, incluso, legales, como los hipnosedantes), sino también las adicciones, cada vez más presentes, sin sustancias, por consistir en conductas. Esto es, no se derivan del abuso de sustancias sino del abuso o ejercicio descontrolado de una conducta que tiene efectos, psicológicos, sociales y laborales análogos a los que se derivan de las tradicionales adicciones. Sería el caso, por ejemplo, de las ludopatías, que son las más conocidas, pero también, más modernamente de las tecno-adicciones o adicción a las nuevas tecnologías, en especial digitales.

Por supuesto, se trata de un problema muy significativo de salud pública y, en consecuencia, concierne básicamente a los sistemas y políticas de salud y de asistencia sanitaria, pese a los déficits que ambos acumulan para una acción eficaz en esta materia. Si bien la visión de la -caducada, todavía no renovada- Estrategia Nacional sobre Adicciones (ENA) 2017-2024 reclamaba atención sobre estas nuevas tipologías de adicciones, a fin de no solo reducir sus daños, sino prevenirlas para conseguir una sociedad más saludable y segura, la realidad es que no se ha avanzado mucho en esta dirección. En todo caso, el enfoque pretendía ser integral, de modo que se atendiera a todos los factores y ámbitos que pueden tener alguna incidencia en la producción (factor de riesgo) y/o en la corrección o prevención (factor de protección) de estas adicciones, como el entorno laboral (ej. Línea 8 del Plan de Acción de Salud Mental). De ahí que, el LARPSICO venga atendiendo esta rama de riesgos psicosociales (junto a la de estrés y la de violencia), si bien conoce factores más complejos e incisivos extralaborales, además de los laborales (en su doble función de factor de riesgo y de protección).

Pero mientras los tratamientos institucionales, normativos y, sobre todo, asistenciales conocen cierta lentitud, reduciendo notablemente la eficacia de los planes de acción prefijados, la realidad social y cultural avanza inexorablemente y nos descubre nuevas adicciones, con sustancia, sí, pero también, y, por lo que aquí ahora más interesa, sin sustancia. Concretamente, aunque en estado incipiente, la ciencia psicológica y la sociología empieza a ofrecer evidencias, cuantitativas y cualitativas, de una nueva y emergente ludopatía, la propia de esa “economía de casino” (hegemonía de la financiarización, que apuesta la ganancia mucho más a la inversión financiera que a la la producción de bienes y servicios) como la Bolsa. Esta ludopatía consistiría en un abuso de las inversiones financieras, en especial las que tienen que ver con las criptomonedas, pero no solo. Con carácter general se la llama la ludopatía bursatil y comienza a considerarse como embrionaria y larvada epidemia silenciosa.

Para intentar ilustrar este incremento del número de personas posiblemente afectadas por esta adicción a la inversión descontrolada se aventuran cifras. En una década, 2015-2025, el número de consultas vinculadas a la ludopatía bursátil en un centro especializado, como el Hospital de Bellvitge se habría doblado (200%), multiplicándose por 4 (400%) si la referencia se hace en dos décadas. A estos datos se suma un creciente número de testimonios en los que se relatan experiencias de este tipo, en especial de diversos “agentes o corredores de bolsa” (bróker), varios ya en terapia, lo que evidencia que no son casos aislados ni constituye tan solo un mal hábito, sino una patología de la conducta:

“Mi historia es la de un yonqui del dinero. Acudía al mercado como quien iba al parque a por heroína en los años ochenta. La recompensa que me daba la inversión era brutal, pura adrenalina. Una competición contra el resto del mundo, un juego de suma cero en el que lo que ganaba lo perdían otros”.

Otro caso:

“Soy un policía local de un municipio de Madrid. En el trabajo oía a todas horas cómo algunos compañeros alardeaban del dinero que ganaban en Bolsa, lo que me enganchó. Quería mejorar mi nivel de vida. Sin conocimientos financieros previos y con tan solo un tutorial en YouTube me lancé al mercado en busca de fortuna. Nada menos que usando derivados. Como en las apuestas, empecé con una estrategia controlada, de modo que no invertía más de 500 euros al mes, como mucho. Pero me fui descontrolando, hasta jugarme 6.000 euros al día. La apuesta me salió muy cara: me divorcié, mi familia me dio la espalda y perdí la vivienda”.

Por supuesto, es importante advertir que ni mucho menos estos estudios están afirmando que invertir, en sí mismo, sea una fuente de riesgo de adicción. Sin la debida preparación puede ser un riesgo de inseguridad económica evidente, pero eso no debe tenerse, per se, como un riesgo de adicción como patología psicosocial en sentido estricto. No es la primera vez que en estas páginas advertimos sobre el riesgo, a su vez, de psicologizarlo todo (como, por ejemplo, los malos usos de redes)

Pero tampoco se puede incurrir en el riesgo contrario, de banalizar el efecto eventualmente adictivo si no se adoptan las debidas cautelas. Así lo ponen de relieve desde el Instituto Valenciano de Ludopatía y Adicciones Tóxicas, pionero en tratar este tipo de comportamientos. La frontera entre invertir con riesgos y jugar nocivamente está en el descontrol de los impulsos para invertir, volviéndose una necesidad constante, generadora de ansiedad mental y desequilibrios de vida.

Entre las causas de la intensificación de este problema estarían:

  • El extenso ciclo alcista de la Bolsa, en cifras récords, como el caso ahora del IBEX (en torno a los 17.000 puntos)
  • La falta de cultura financiera, que alienta el deseo de ganar dinero fácil, reduciendo la capacidad de valorar los riesgos derivados
  • La extraordinaria facilidad, al menos aparente, que dan las tecnologías digitales, pues se tiene a un tiro de clic, desde los smartphones, tabletas, etc., todas las posibilidades imaginables de inversión en cualquier lugar del mundo, a todas horas (por los diferentes husos horarios)
  • El furor que causa, sobre todo en las personas más jóvenes, pero no solo, las inversiones en criptomonedas Se habla, así, de la nueva ludopatía de invertir en criptomonedas, como el Bitcoin o “criptoadicción”.
  • La poderosa influencia de los “cantos de sirena” de los tantos y tan falsos gurús que pueblan las redes sociales. Hacen creer que cualquiera puede ser hacerse rico , ignorando la necesidad de destrezas y conocimientos.

Una vez más, tecnología digital y redes sociales, además de ciertos cambios culturales, llevarían a ludificar una actividad de riesgo, por lo que su trivialización y “democratización” llevaría a convertirlas como si de un video juego se tratara o de una casa de apuestas online. La adicción al “trading” (inversión) no es un fenómeno nuevo, pero la aparición en 2009 de la primera -y más célebre- criptomoneda, el Bitcoin, dio alas a una nueva forma de inversión con una particular carga adictiva. De ahí que entre en los dominios de la psicología. Los efectos en la persona con esta adicción serían análogos a los de otra ludopatía, tanto en la pérdida de salud como en desarraigos sociales (en el trabajo, en la familia, en las amistades, etc.).

Si en la descripción del problema, en su identificación, en sus causas y en sus efectos no hay apenas dudas, la pregunta que surge de inmediato, en clave de salud laboral es la siguiente: ¿se trata sólo de un problema emergente de salud pública, que concierne básicamente a las políticas y sistemas asistenciales o cabe alguna derivada o conexión con las políticas y sistemas de promoción de la salud mental en los entornos de trabajo? Es evidente que se precisa de análisis y estudios más detenidos y en ello nos comprometeremos desde el LARPSICO de futuro. Pero, de inicio, parece claro que, como cualquier otra ludopatía, no nos puede ser indiferente, por la relevancia del trabajo para reconstruir el equilibrio emocional y social, como factor de protección, sin duda, también de riesgo (ej. en casos de escasa recompensa del trabajo, que presiona para buscar complementos económicos en entornos de socialización que ven fácil la inversión en red).

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