Visibilidad de un nuevo colectivo que asocia precariedad laboral con la prevalencia de riesgos psicosociales: las personas intérpretes de lengua de signos (ILS) [LARPSICO]
El contexto
No es infrecuente que colectivos profesionales, a menudo feminizados, que prestan servicios esenciales para las personas, a menudo en situación de una vulnerabilidad elevada (ej. personas dependientes; familias desestructuradas, etc.), presentan condiciones de organización de su trabajo afectadas por notables problemas de seguridad y salud en el ejercicio de su actividad, en particular cuando se vincula a los llamados riesgos emergentes. Sería el caso del sector que presta servicios de interpretación de lengua de signos para las personas sordas y quienes trabajan como “guías-intérpretes”, que presentan una prevalencia notable de riesgos ergonómicos y psicosociales. Así se ha venido reconociendo a través de ciertas evidencias científicas, desde hace al menos dos décadas (ej. Rochester Institute of Technology, 2008), aunque ha venido pasando muy desapercibido en nuestro país.
Este colectivo tiene una específica previsión legislativa. La Ley 27/2007, de 23 de octubre, por la que se reconocen las lenguas de signos españolas y se regulan los medios de apoyo a la comunicación oral de las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas, define a las personas intérpretes de lengua de signos (ILS) como aquéllas que interpretan y traducen la información de la lengua de signos a la lengua oral y escrita y viceversa, con el fin de asegurar la comunicación entre las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas, que sean usuarias de esta lengua, y su entorno social. Asimismo, define a las personas “guía-intérprete” como aquellas personas profesionales que desempeñan la función de interpretación y guía de la persona sordociega, realizando las adaptaciones necesarias, sirviéndole de nexo con el entorno y facilitando su participación en igualdad de condiciones. La guía-interpretación es una especialización de la interpretación de lengua de signos enfocada al trabajo con el colectivo de personas sordociegas.
La evidencia científica previa
El examen de la literatura científica en la materia permite extraer algunas conclusiones de interés. González Montesino y Beatriz García destacan la importancia de la dimensión psicológica en la labor de interpretación. Apuntan que las altas demandas cognitivas y emocionales de la actividad provocan que aquellos intérpretes con una mayor tendencia a la ansiedad en su vida personal experimenten niveles superiores durante su desempeño profesional.
Por su parte, Leanza, Pointurier y Duchesne califican la interpretación - especialmente en servicios públicos - como "affective labour", en tanto requiere la implicación del profesional en "cuerpo y alma" en los distintos relatos de los usuarios, lo que incrementa su exposición a los mencionados riesgos psicosociales. Gretchen Roman et al. destacan el impacto de la “cultura organizacional” del sector en la salud mental de estos profesionales, advirtiendo de los perniciosos efectos de una lógica de autosacrificio asumida como “insignia de honor” - que lleva a los intérpretes a concebirse como “máquinas” al servicio de los usuarios -; la disponibilidad permanente; y la pervivencia de situaciones de violencia tanto horizontal como vertical.
A lo anterior se añade una elevada precariedad laboral que incide de forma directa en la salud psicosocial de estas personas trabajadoras, configurándose como un potente estresor. Tal como pone de relieve el Informe sobre el estado actual de la traducción e interpretación de lengua de signos española y guía-interpretación de personas sordociegas (pdf), la prestación de estos servicios se desarrolla, en numerosos casos, en condiciones marcadas por la precariedad y la irregularidad. Una situación que obedece, fundamentalmente, a la externalización del servicio, la elevada parcialidad y temporalidad de los contratos y a una financiación pública inestable e insuficiente para satisfacer la alta demanda de intérpretes. Diversos sindicatos han venido denunciando recientemente la persistencia de situaciones de precariedad laboral, especialmente en el ámbito educativo.
En León, CCOO y UGT alertaron el pasado mes de enero sobre la reiteración de impagos y retrasos salariales. Por su parte, en Murcia, CCOO denunció en agosto la consolidación de un modelo de contratación caracterizado por la ausencia total de contratos a jornada completa para el curso escolar y la generalización de jornadas parciales que imponen la itinerancia forzosa entre distintos centros.
El documento científico-técnico del INSST

La visibilidad oficial del problema de salud psicosocial. Ahora, el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) ha pretendido sacar del ostracismo a este colectivo y darle visibilidad a los efectos de poner en el centro del debate sus problemas de salud psicosocial y ergonómica, en un contexto de significativa precariedad de sus condiciones sociolaborales en general. De ahí la elaboración y publicación del Documento Técnico Riesgos ergonómicos y psicosociales en el colectivo de intérpretes de lengua de signos y guías-intérpretes. En él se analizan los principales riesgos ergonómicos y psicosociales a los que están expuestas estas personas trabajadoras, junto con una propuesta de medidas preventivas enfocadas a garantizar su seguridad y salud en sus entornos de trabajo.
Entre los principales factores de riesgo psicosocial, el INSST describe los siguientes:
- Una elevada carga de trabajo
- Intensas exigencias psicológicas
- Una notable falta de control y autonomía en la realización de las tareas
- Aislamiento y falta de reconocimiento profesional
- Así como situaciones de violencia física o verbal e incluso acoso sexual, especialmente en contextos domiciliarios o ante personas usuarias con alteraciones cognitivas o emocionales.
La exposición prolongada a estos factores provoca situaciones de estrés laboral, síndrome de “burnout” y “trauma vicario”, pudiendo incluso aparecer ansiedad, depresión, o trastorno de estrés postraumático (TEPT). En particular, el referido “trauma vicario” —prevalente en los entornos de salud, justicia y servicios sociales— se encuentra altamente extendido en el colectivo, fruto de la exposición a relatos sensibles, cuyo procesamiento generan un "residuo emocional" en el intérprete que aumenta su exposición a episodios de ansiedad, flashbacks, pesadillas, o aislamiento.
Las medidas preventivas
Asimismo, el INSST propone una serie de medidas generales aplicables para disminuir la incidencia de estos riesgos psicosociales. Entre ellas, cabe resaltar:
- El incremento de la autonomía de la persona trabajadora
- La promoción de la interpretación en equipo
- La creación de redes de apoyo entre compañeros
- Una planificación estratégica de los servicios considerando la carga de trabajo y asegurando una distribución equilibrada de las tareas
- La reducción de las horas de trabajo
- El establecimiento de periodos de descanso cada 15-20 minutos.
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